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Misterios de la reencarnación

 
¿Qué dicen la religión y la ciencia? Los secretos que se esconden “más allá de la muerte”.
 
La muerte ha sido, a lo largo de la historia humana, una preocupación constante. Tal vez, por el hecho de no tener conocimiento de lo que nos pasa una vez que nos morimos. Sería demasiado extenso citar a todos los que han admitido la reencarnación como respuesta al misterio de la muerte. Desde Platón a Benjamin Franklin, pasando por Edison y Henry Ford, Albert Schweitzer, Jung, e incluso, Salvador Dalí, quien creía ser la reencarnación de San Juan de la Cruz.
 
Lo cierto es que muchas personas tienen la íntima convicción de que hay algo en nosotros que sobrevive a ese difícil tránsito; algo que tiene un carácter atemporal, capaz de retornar periódicamente al estado conocido que llamamos “vida”. Sin embargo, otra gente, especialmente intelectuales y científicos, consideran esta idea como absurda, como un error de la razón originado en el miedo natural a la muerte y al más allá. Otras corrientes, más abiertas, también basadas en la experiencia científica, creen posible sospechar que más de las dos terceras partes de la humanidad podrían no estar equivocadas al creer en la reencarnación.
 
No es nuestra intención dirigir al lector hacia una postura u otra, sino exponer todas las teorías para que pueda juzgar por sí mismo.
 

¿QUÉ ES LA REENCARNACIÓN?

Creer en la reencarnación significa creer en que el alma, después de la muerte, se separa del cuerpo y toma otro para continuar otra vida mortal. Según esta idea, las almas pasarían por ciclos de muertes y nuevas reencarnaciones continuas. De este modo, un ser humano volvería a vivir en la Tierra naciendo, en cada encarnación, como un nuevo ser. Por regla general, las religiones judeo-cristianas no admiten la reencarnación, mientras sí creen en ella las orientales, como el hinduismo y el budismo. También, la defienden la mayoría de las escuelas filosófico-esotéricas.
 

LA LEY DEL KARMA

La creencia en la reencarnación se halla vinculada a la Ley del Karma. Es decir, a la idea de que el comportamiento en esta vida genera consecuencias que se pagan en otras. Así, las almas de los que hacen el mal, por ejemplo, renacerían en cuerpos “inferiores”, como los de los animales. El objetivo de este ciclo de reencarnaciones sería compensar los daños que provocamos a fin de purificar el alma hasta llegar a la “iluminación”, un estado evolucionado en el que el yo individual quedaría fundido con el alma universal (Nirvana).
 

EL TRÁNSITO DESPUÉS DE LA MUERTE

Este paso, que va de la muerte a la reencarnación, continúa siendo un misterio. Algunas teorías dicen que ciertas almas demorarían más que otras en reencarnar y que pasarían por estados intermedios de conciencia hasta volver a manifestarse como materia.
 

LOS ARGUMENTOS EN CONTRA

A principios de siglo pasado, Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, planteaba que no podemos tener un conocimiento sobre la muerte, dado que carecemos de datos científicos al respecto, así como de relatos verídicos que nos expliquen esta experiencia límite. Pues bien, ésta es una postura como otras, y muchos pensadores y gente común se aferran a este argumento para adherir a la idea de que la muerte es el final de la vida y que nada hay en nosotros que sobreviva a la muerte física.
 

Las críticas a la teoría de la reencarnación se basan en estos razonamientos:

 

1.- El fraude:

la reencarnación está de moda. Muchos prometen liberaciones kármicas, dado que parece ser un negocio rentable. ¿Qué se puede responder a ello? Es cierto, hay muchos oportunistas esperando dar el zarpazo, pero no todos los que trabajan en esta línea buscan otros beneficios distintos de la entrega desinteresada en pos de la evolución espiritual del ser humano.
 

2.- Criptomnesia:

muchas de las supuestas regresiones podrían tener este origen. Se trata de una alteración de la memoria, debido a la cual, la persona puede elaborar una serie de fabulaciones. También, se dice que, bajo regresiones espontáneas o inducidas a “supuestas vidas pasadas”, en realidad, afloran de nuestro inconsciente recuerdos olvidados en lo más profundo de nuestro psiquismo; tal vez, simples fantasías que exteriorizamos cuando nos encontramos en un estado de sugestión como la hipnosis. Todos esconderíamos, interiormente, otra personalidad oculta, distinta de la que expresamos, una especie de “otro yo”, que afloraría en ocasiones como la hipnosis.
 

3.- Memoria genética:

cuando las personas se encuentran en estados de conciencia alterada, pueden recordar vivencias pasadas y atribuirlas a sí mismas; aunque, en realidad, pueda ser falso.
Carl Jung, eminente psicoanalista y discípulo de Freud, fue uno de los primeros en indagar sobre esta posibilidad de conectarse con lo que él llamó “inconsciente colectivo”. Éste sería una especie de archivo donde se almacenarían todas las vivencias de la Humanidad, las cuales constituirían algo así como un alma colectiva. De allí, podríamos extraer información de situaciones vividas por otras personas, ya fallecidas, que asumiríamos erróneamente como propias.
 

4.- Percepción extrasensorial:

el principal fenómeno que se atribuye a los casos de regresión como posible explicación es la comunicación telepática, sea con el hipnotizador o con otras personas cercanas que, de alguna manera, han leído o vivido la experiencia y, simplemente, la “transferirían” a la mente de quien la percibe, que la toma como si fuera propia.
 

LAS PRUEBAS A FAVOR

Aún aceptando lo anterior, existe también, copiosa literatura que habla a favor de la reencarnación.
En Occidente, se han investigado las vidas pasadas de algunas personas por medio de regresiones hipnóticas y se ha comprobado su veracidad. El primer intento científico serio lo hizo el psiquiatra
Arthur Guirdham, quien analizó, durante más de 25 años, los sueños de una paciente que recordaba una encarnación en el siglo XIII. Los resultados fueron publicados en el libro Cátaros y Reencarnación y sus ideas provocaron gran polémica.
 
En 1960, un conocido psiquiatra norteamericano, el Dr. Ian Stevenson, comenzó a publicar una serie de casos de niños que espontáneamente recordaban vidas pasadas. Él, con su grupo de investigación, tuvo conocimiento de aproximadamente 600 casos, de los cuales investigó exhaustivamente 20, publicados en su famosa obra 20 Casos que hacen pensar en la Reencarnación.
 
Más tarde, en 1965, una psiquiatra suiza, actualmente radicada en EE.UU., Elisabeth Kübler-Ross, inició una serie de observaciones clínicas sobre personas moribundas, cuyos resultados están contenidos en su obra La Muerte y los Moribundos. El contacto con miles de personas en sus fases terminales le dio a la Dra. Kübler-Ross el inmenso beneficio de tener un contacto vivencial directo.
Gracias a él, halló dos cosas importantes que cambiarían su vida. Por un lado, la comprensión de la gran sabiduría que adquieren las personas al momento de morir (cuando se hace un acompañamiento adecuado). Y por otro, la certeza de que, cuando sobreviene la muerte física, no todo acaba; así, comprobó que, en las personas declaradas clínicamente muertas, su conciencia aún vivía.
 
En este mismo sentido, una de las investigaciones más profundas se debe a Raymond A. Moody, filósofo y psiquiatra norteamericano, que publicó, en 1975, un libro que se convirtió en best-seller, Vida después de la Vida. En él, se describe paso a paso lo que recuerdan miles de personas sobre lo que sucede después de la muerte.
 

CONCLUSIONES FINALES

Si en algo coinciden los científicos, estén a favor o en contra de la reencarnación, es que, en el universo, todo es energía en transformación.
Como el agua de un pozo, que se evapora en nubes para luego volver a transformarse en lluvia, cada uno de nosotros es energía vital, unida al cosmos de forma misteriosa. Una energía que se refleja en los átomos que nos componen y que forman todos los elementos; vibraciones que están en cambio permanente.
 
Es así que, comprobamos que nosotros también somos parte de lo infinito. Pero, la pregunta sigue en pie: “¿Hay vida después de la muerte?”. Por desconocimiento, no podemos afirmarlo ni negarlo.
Lo que sí nos parece importante es prepararnos adecuadamente para ese trascendental momento, ya que nuestras creencias sobre la muerte influyen decisivamente en nuestras vidas.
En lugar de desperdiciar nuestra energía, debemos tomar conciencia de la muerte y estar preparados para lo que nos depare el futuro.



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